Encuentro de dos mundos

Una copia del discurso que el Licenciado Daniel Cesario pronunció ante las autoridades y alumnos del Profesorado "Rosario Vera Peñaloza" de Villa Ballester, Buenos Aires, República Argentina, el 11 de octubre de 2002.

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Location: San Martín, Buenos Aires, Argentina

Profesor de Geografía con Trayectos en Ciencias Sociales.

22.9.06

12 de octubre: Encuentro de dos mundos

En homenaje a la memoria de Guillermo E. Magrassi, un argentino injustamente olvidado.

“En el inframundo debajo de las aguas moraba Kai-Kai-Filú, la culebra enemiga. Un día, sus aguas comenzaron a subir. En los cerros que tienden a los mundos de arriba, vivía Ten-Ten, culebra amiga de la tierra seca, quién aconsejó a las gentes subir a las montañas.
El agua subía y subía. Pero los cerros también.
Cai-Cai se oía ebullir. Ten-Ten se oía gotear sobre los cántaros que cubrían las cabezas.
Algunos no pudieron salvarse. Son peces. Son rocas.
Quienes estuvieron más cerca del fuego solar cobrizos quedamos. Los que se salvaron hicieron sacrificios, el agua calmó, se calmó: las montañas también calmaron.
Quienes se salvaron, bajaron de los cerros, se esparcieron por la Mapu (tierra), los valles poblaron.
Así nacimos los mapuches, la “gente de la tierra””.
América, pobre tierra nuestra, donde nuestra riqueza es sinónimo de nuestra ancestral pobreza y riqueza de los poderosos de la Tierra que nos explotan. Una y diversa, América encierra a muchas Américas con unas características que comparten y otras que las diferencian. De la mezcla étnica surgió y se consolidó, con el tiempo, un mestizaje que dio al nuevo mundo su rasgo sobresaliente.
Está la América de siempre, india. Pero hay una América negra, otra amarilla, una América blanca. Hay una América anglosajona, Hispanoamérica, Iberoamérica, América Latina y tantas otras. ¿Cuál de todas abordar? Elección difícil, cuyo resultado obligará a renunciar a algo, como siempre ocurre cuando hay que elegir.
Será América Latina desde Argentina, porque se mira desde este lejano sur y se mira así una parte de su propia historia.
Las palabras que siguen, humildemente apuntan a continuar con la reparación-superación de los indios, seguros de que todo tiempo futuro será mejor –o al menos en astillas de esperanzas, difícilmente pueda ser peor–, procurando superar “europeísmos”, “occidentalismos”, “indigenismos”, “indianismos” y otros “ismos”. La idea es aportar con miras a la construcción de una imagen que nos pueda reflejar a nosotros mismos. El país, al igual que la nación, sigue fragmentado. Somos como un archipiélago de islas separadas, vertical y horizontalmente, social y culturalmente. No basta siquiera con que podamos llegar a reconocer nuestra plurietnicidad, ni que lleguemos a encontrar en nuestra realidad pluricultural un motivo más o menos fundamental para ser pluralistas.
Somos dependientes, periféricos, sobre todo culturalmente y porque no nos conocemos. Alienados por los MCS (sic), nos seguimos mirando en el espejo deformado de otras culturas. Siendo un rompecabezas de piezas sueltas, sólo podemos profundizar en el conocimiento de cada fragmento que somos de su conjunto, un día obtendremos el mosaico que nos refleje con verdad, que nos sirva de modelo para armar, corregir, perfeccionar, desarrollar, proyectar. Con fervor, pasión, amor y vocación de servicio invitamos desde las culturas envejecidas, las civilizaciones de los pueblos belicosos, a no creer que el hombre no es como las plantas, que no tiene ni hecha raíces, desde las tierras que han sido desdichadas, creemos con fe indígena que el hombre pertenece a la tierra y que lo que nos falta es unir las raíces con las ramas. En todo caso hay que dejar de seguir siendo un “bonsai”, raíces cortadas, y si hay que podar algo, deben ser las ramas. ¡Adelante!, a todo ello invitamos.
América Latina es nuestro desafío irrenunciable. Porque hace a interrogaciones sobre la propia identidad, porque a la luz de acontecimientos de candente actualidad que afectan a los países de la región, parece confirmarse la idea de que América Latina sigue buscándose a sí misma y esa búsqueda implica, también, la de su lugar en el mundo. El largo camino del empeño por defender su derecho a ser ella misma ha sido fuente de prolongados y dolorosos conflictos. Cuando algunos fantasmas del pasado parecían haberse esfumado en el horizonte, otros se han presentado renovando la lucha y el compromiso por la vigencia de la libertad, de la democracia, de la igualdad de todos ante la ley y de la solidaridad, el trabajo y el estudio.
Estas sencillas palabras han sido orientadas necesariamente por la búsqueda no de la verdad, sino del BIEN. El bien para todos. Nada más. Muchas gracias.

Cesario Daniel
Profesor en Historia y Geografía
Licenciado en la enseñanza en la Historia con mención en Cs. Ss.
Mat. Prov. 468.584